Todos los juegos de Doom, clasificados del peor al mejor

Pocos juegos están en el mismo peldaño que Doom: este título definió un género, culturalmente fue un hito y, como videojuego, está diseñado de forma brillante. Si no lo has jugado, entonces como videojugador te estás perdiendo de un clásico. Todo empezó en 1993, cuando los juegos de disparos en primera persona eran un género novedoso, dos mentes brillantes, John Carmack y John Romero se juntaron para trabajar (los créditos del primer juego son un poco más extensos) para crear un videojuego de disparos en el que hay escenas de acción frenética y otras en las que hay que resolver laberintos en el que un palanca o botón en cierto lugar abre una puerta en otro sitio. Y todo plagado de una violencia catártica. Fue un fenómeno.

John Romero durante la Milan Games Week de 2016

Por eso no resulta sorprendente que la serie tenga 10 lanzamientos en 28 años de historia, varios de ellos por cierto en el olvido hasta la brillante resurrección que Bethesda dio a la serie con el lanzamiento de Doom en 2016.

Tenemos que decir que los primeros juegos de este conteo sorprenderán a algunos jugadores. No los culpamos. Nosotros tampoco sabíamos que existe un Doom RPG. Esperamos generar cierto debate con nuestra selección en las primeras posiciones.

Nota del redactor: No incluimos en esta lista Mighty Doom, que debutó en abril de 2021 para Android y iOS.

10. Doom Resurrection (2009, iOS)

La llegada de los celulares iPhone y Android hizo que id Software desarrollara Doom Resurrection. Es un shooter sobre rieles, un género en el que el jugador avanza de forma automática, de modo que el juego funciona como una especie de galería de tiro. Está ambientada en el Marte de Doom 3, así que la idea es crear un ambiente tenso, muy al estilo del exitoso Dead Space de Visceral Games. Fue atractivo porque era un juego de Doom para iPhone. Y nada más.

9. Doom RPG

Un Doom en el que reventar a un imp de un escopetazo se hacía seleccionando un nivel en un RPG estilo dungeon crawler por turnos. No solo era experimental en su género, sino también en la plataforma en la que debutó: 2005 en celulares de fólder (flip phones). Tuvo una secuela en 2009 para Blackberry (¡Blackberry!) y iPhone. Ahora mismo la forma más sencilla de jugarlo es a través de una APK.

8. Doom VFR

La premisa es fantástica para la ejecución no tanto. El maravilloso Doom de 2016 llevado a los prometedores visores de realidad virtual Oculus Rift, HTC Vive y PlayStation VR. La experiencia visual es por sí misma llamativa, pero eso ocurre con casi todos los videojuegos de realidad virtual. El gameplay, por otra parte, tiene un ritmo mucho más pausado, de modo que el encanto del Doom de 2016 simplemente no está ahí.

7. Final Doom

Uno de los aspectos por los que Doom II fue un hito cultural es que fue uno de los primeros títulos del llamado shareware, compartir archivos. En este caso, fueron archivos de juego. Y en un título como Doom II eso significó que los jugadores podían crear sus propios mapas y subirlos a internet en 1994 para que otros los jugaran. En 1996 id Software hizo dos compilaciones de 32 niveles que vendió como Final Doom. En un símil contemporáneo, es algo así como un Mario Maker, una compilación de niveles hechos por fanáticos. Varios son entretenidos, pero todos son complicados. Jugar los niveles en la dificultad Ultraviolencia (la más alta) es una prueba complicada incluso para los jugadores más expertos de Doom.

6. Doom 3

Después de 1997, tras el lanzamiento de Doom 64, la serie atravesó una sequía que se extendió por siete años. Fue hasta 2004 que los fanáticos de la serie pudieron regresar a Marte para enfrentar una nueva invasión demoniaca con gráficos que en aquél entonces eran la vanguardia absoluta. Pero Doom 3 se sentía lejano a las raíces de que hicieron de Doom y Doom II clásicos. Esa lejanía se debía en parte a que el juego estaba más enfocado a generar una experiencia de horror. La base de la UAC en Marte (el escenario donde se desarrolla el juego) era como una mezcla de la colonia espacial de Aliens con un toque de juegos como Silent Hill y Resident Evil, aunque en el fondo Doom 3 era un juego de acción. En su momento fue memorable por sus gráficos, pero el paso del tiempo lo acomodó en el lugar del Doom canónico más olvidable de todos.

5. Doom Eternal

La secuela del fantástico Doom de 2016 hizo algunas cosas bien, como fortalecer el gameplay con más herramientas para hacer los entretenidos glory kills (una mecánica para eliminar enemigos de forma espectacular para recuperar salud y munición) y sumar más niveles de plataformas diseñados de forma magistral. Pero, del otro lado, Doom Eternal puso más énfasis en contar una historia a la que varios simplemente dimos skip. Ya lo dijo alguna vez John Romero —el genio creativo detrás de los primeros juegos—, “la historia en un videojuego es como la historia en una película porno, uno espera que esté ahí, pero no es tan importante”. Doom Eternal quizá habría sido mejor que su predecesor si esas horas de desarrollo usadas para crear al demonio con hacha hubieran sido empleadas en trabajar más el gameplay.

4. Doom 64

Quizá una de las pruebas más sólidas de que los videojugadores somos los consumidores más difíciles de complacer es que Doom 64 fue menospreciado en su lanzamiento en 1997, pero revalorado como una joya olvidada 23 años después de su estreno gracias a la reedición que id Softwre hizo para acompañar el lanzamiento de Doom Eternal. Lo creemos porque lo jugamos, pero en retrospectiva no damos crédito que Doom 64 haya pasado tantos años con el estatus de juego de culto. Lo más inverosímil es que debutó en una consola de Nintendo, compañía sempiternamente identificada con los juegos familiares libres de violencia. Doom 64 es brillante porque sus niveles están diseñados con la misma maestría que los de Doom y Doom II. Gráficamente dio a la serie una vistosa renovación, con un motor gráfico fiel al estilo de los juegos clásicos, pero con mayor definición. Doom 64 debería llamarse Doom 3.

3. Doom

El juego que lo empezó todo. Debutó en 1993 cuando los juegos de disparos en primera persona eran tan novedosos como Super Mario Bros. en 1985. Sus raíces están en Wolfenstein 3D, otro de los pilares fundacionales de los videojuegos modernos. Doom se convirtió en un clásico instantáneo porque presentó algo nunca antes visto en un videojuego: enormes niveles tridimensionales, un gameplay de acción frenética, sonidos increíbles y mucha violencia. Pese a que era un juego increíble, su secuela mejoró en todos los aspectos.

2. Doom (2016)

El Doom de 2016 es él ejemplo de cómo hacer el cover perfecto. Sin Romero y sin Carmack, una nueva generación de desarolladores de id Software dirigidos por Hugo Martin crearon un first person shooter con un gameplay fantástico con un ritmo fantástico. Cuando no se está acribillando demonios con armas clásicas reinventadas como la súper escopeta, pasas el tiempo resolviendo los icónicos puzzles de los primeros juegos de la serie en niveles tridimensionales magistralmente diseñados (casi un tributo a los mundos de Metroid Prime). Y cada combate es adrenalina pura, pero orientada por el mismo diseño del juego. Aunque el marine que controlas luce una tosca armadura, es tan frágil como ágil. Eso provoca que, para triunfar, el jugador deba abordar cada enfrentamiento con agresividad y los glory kills (una mecánica que recompensa al jugador con salud y municiones al eliminar a los enemigos con un ataque cuerpo a cuerpo) solo suman espectacularidad a un gameplay que visualmente es fantástico. Para muchos fue el mejor juego de 2016, y sin duda, uno de los mejores de la generación de la PlayStation 4 y la Xbox One.

1. Doom II

Todo lo que hizo de Doom un clásico instantáneo mejoró en Doom II. Había más niveles y tenían un diseño más ingenioso. También había más enemigos, pero sobre todo, más armas para aniquilarlos. En el mundo del entretenimiento, son varias las obras que quedan marcadas por uno de sus elementos en particular, como en Star Wars y sus sables de luz. En Doom II ese elemento fue la super shotgun, una escopeta de doble cañón que sin lugar a dudas es uno de los ítems más icónicos de los videojuegos. Y el nivel final Icon of sin incluyó uno de los mensajes ocultos más famosos de los videojuegos. Matamos a John Romero, pero su glorioso legado vivirá por siempre.

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