Máscara con arte prehispánico

17 de octubre de 2021, 0:30  Por Luis Manuel Arce Isaac

México, 17 oct (Prensa Latina) La máscara de Malinaltepec, una obra arqueológica impresionante de más de mil 800 años de antigüedad, es muestra del conocimiento universal -en muchos aspectos superior al europeo de la época- que permitió el florecimiento de una gran cultura en el México prehispánico.

Esta careta, de 21 centímetros de altura e igual medida de ancho,se distingue por estar hecha con 762 teselas, las cuales son pequeñas piezas de piedra, terracota o vidrio coloreado que se empleaban para confeccionar mosaicos.

Otro de sus rasgos sobresalientes es que los fragmentos están fijados con un material endémico de México que se usó en Europa: el copal, una resina aromática del Bursera, familia de árboles sagrados.

Esta sustancia también se utilizaba como incienso y se cristalizaba para trabajar la joyería.

Sin embargo, su connotación en la nación latinoamericana era diferente a la del llamado Viejo Continente, pues en ese país fue un elemento básico para las consagraciones.

En náhuatl se le nombra copalquáhuitl y a su ceniza copalli, mientras que en el ámbito sagrado era llamado iztacteteo, el ‘dios blanco’, y todavía tiene ese significado, a pesar de la cristianización que impusieron los españoles y los diferentes usos comerciales que se le dieron.

La autenticidad de la máscara de Malinaltepec, una creación funeraria de las más conservadas de aquellas civilizaciones, fue comprobada científicamente.

Constituye una pieza tan perfecta que, a partir de su hallazgo en 1921, causó polémica. El especialista Porfirio Aguirre, al descubrirla, consideró que había encontrado uno de los grandes tesoros de Mesoamérica, pero las autoridades pensaron que había sido fabricada.

A principios de 2008, el arqueólogo Felipe Solís, entonces director del Museo Nacional de Antropología, logró investigar más a fondo y demostrar que aquella excepcional obra sí había salido de manos de artistas teotihuacanos.

La restauradora Sofía Martínez, responsable del Proyecto Máscaras Funerarias del Instituto, manifestó que el equipo que la analizó quedó maravillado por su técnica de manufactura y los materiales que la adornan: cloritita (roca de color verde amarilloso), amazonita en las teselas azules, concha y hematita especular, así como el copal.

La tesis más dominante es que la careta fue hecha en dos momentos durante el periodo Clásico (200-900) y reutilizada en el Posclásico (900-1521) en un entierro.

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(Tomado de Orbe)

Prensa Latina